Animarse, cambiar, descubrir... Todo esto forma parte del proceso que cualquier persona atraviesa cuando está definiendo su futuro o descubriendo su vocación.
Muchas veces puede suceder que no sepamos lo que queremos. Y sí ...no tiene nada de malo. En otros casos, podemos tener claro el camino a seguir pero se nos presenta un panorama bastante gris.
Es muy común que algunas personas frente a presiones externas o propias se paralizan y no saben para que lado encarar.
No siempre tenemos las ideas tan claras pero tampoco es bueno sentarse a deshojar margaritas, porque puede suceder que mientras "perdemos tiempo" aparezca la oportunidad de nuestra vida.
Recomendación: sepamos o no lo que queremos hacer, estemos o no seguros de nuestra elección, lo único que vale es la dedicación, esfuerzo y foco que pongamos en cualquier camino en el que nos iniciemos. Infaltable una buena dosis de empuje, serenidad, iniciativa, capacidad de organización y pasión. Si a esto le sumamos corazón e intuición, cualquier cosa que emprendamos será más sencilla.
