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Cuando se empieza a trabajar en cualquier empresa, comercio o institución, generalmente uno está bastante desorientado. No se siente jugando de local. No conoce el lugar, no sabe quienes serán sus interlocutores para las tareas del día a día, desconoce la historia de la empresa, sus objetivos, valores. En definitiva necesita ser capacitado u orientado para suavizar y facilitar su ingreso.

Este sería el famoso proceso de inducción. Es una instancia de capacitación en la cual se le brindan al empleado una serie de herramientas que serán fundamentales para su rápida adaptación al nuevo trabajo. Por eso se dice que existen dos instancias: una inducción institucional y una inducción al puesto de trabajo. Hay quienes sostienen que el proceso de inducción es tan importante como el proceso de selección.

Un artículo que me parece esclarecedor es el publicado hace ya algunos años por KPMG en Uruguay cuya autora la Psicóloga Beatriz Martinez afirma, siguiendo la línea de los autores Gibson, Ivancevich y Donnelly, que la inducción es una herramienta de transmisión cultural. Y precisamente una de las causas más frecuentes de fracaso en el ámbito laboral es la imposibilidad de incorporarse a una nueva cultura organizacional. Este proceso de socialización laboral debería ser el puntanpié inicial para que el nuevo empleado construya su sentido de pertenencia, se comprometa, eficientizará determinadas tareas permitiéndole a la organización optimizar su tiempo y dinero. En fin, son muchas las razones por las cuales este proceso no debe ser obviado.

Me pregunto cuántos de nosotros hemos tenido la oportunidad de contar con esta instancia de capacitación cuando iniciamos un nuevo trabajo y en qué medida esto contribuye o no con nuestro éxito posterior.


El mercado laboral en Mar del Plata es raro. Cuesta reconocerlo pero tenemos una ciudad con algunos problemas en este sentido. Obviamente estos inconvenientes no son ajenos a nuestra realidad como país, pero creo que tenemos que hacernos cargo de algunas falencias propias, aunque nos cueste.

El año pasado "La Capital" publicó un informe donde se planteaban las dificultades que se enfrentan los jóvenes en el momento de buscar su primer empleo y releyéndolo detecté algunas de las típicas explicaciones a estas dificultades o , si se me permite decirlo así, "rarezas" de nuestro mercado laboral.

Algunas de estas cosas pueden ser ciertas, pero creo que lo que se necesita es sin dudas educar o concientizar a los empresarios, profesionales y comerciantes, que son quienes deberían abrir las puertas y generar oportunidades. Hay una dicotomía entre lo que se solicita en cuanto al perfil, conocimientos, experiencia y lo que se ofrece. Son contados los casos en los que un jóven ingresa a un puesto y recibe el entrenamiento adecuado, se lo desarrolla, se le brindan posibilidades de crecimiento y se le paga un salario digno. Pareciera como que todo esto junto no pudiera darse. Error imperdonable. No hay nada más estimulante y motivador para un empleado que ser reconocido, y precisamente este reconocimiento pasa por todo lo que mencioné anteriormente.

Me deprime escuchar comentarios como: " Le estamos dando la oportunidad de su vida y todavía pretende que le paguemos", o "Porque tiene un título no quiere decir que deba ganar más...lo que vale es el tiempo de permanencia en la empresa", "La capacitación es responsabilidad de cada uno... imaginate que yo no me voy a poner a invertir en esto si después de un tiempo los empleados se van. Nosotros somos una pequeña empresa...", "No tenemos presupuesto para esto. Tenemos que ajustarnos"

A estos "empresarios" les recordaría que las personas son quienes marcan la diferencia en el funcionamiento de una empresa. Definitivamente una gestión profesional de los recursos humanos en las pequeñas y medianas empresas es una ventaja competitiva. Porque si se encara adecuadamente la planificación de los recursos humanos, se analizan los perfiles requeridos para cada puesto de trabajo, la seleccion y el reclutamiento es eficiente, se desarrolla el potencial de cada individuo, se evalua periódicamente su desempeño, se recompensan los logros de los empleados, las condiciones de salud, seguridad e higiene en el trabajo y la comunicación son priorizadas, cuidadas, coherentes, planificadas y ejecutadas por profesionales tendremos asegurado más del 50% del éxito de la organización. Y sino pregunténle a las mejores empresas para trabajar en Argentina. ¿Son todas grandes corporaciones?

Está claro que las organizaciones compiten y las personas y su talento son el trofeo que nadie quiere perder. Alcancemos el podio más deseado, y seamos concientes del esfuerzo que requiere lograrlo. Hagamos el intento.


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