La pasión en el trabajo es algo que contagia. Definitivamente aquel que da un 120% de su energía, que está atento a las oportu
nidades, que aporta constructivamente, que trabaja siempre en equipo y que nunca se olvida de compartir los logros es digno de destacar.
No es habitual toparse con estos apasionados. Muchas veces, erróneamente, son tildados de naif, de figurones o hasta de tener demasiado puesta la camiseta de la empresa. Acá está el problema: confundir compromiso y motivación con satisfacción con el trabajo. En este sentido creo que está claro que el nivel de satisfacción, el hecho de sentirse reconocido, de estar conforme con las condiciones laborales, suma y ayuda nivel general de apasionamiento ( si se me permite usar este término). Nunca voy a olvidar a un compañero mío de trabajo que tenía una oficina fea, con poca ventilación y espacio. No era el gerente mejor remunerado y tenía que pelear mucho los ascensos y mejoras suyas y de su equipo. Pero era quien siempre ayudaba para que todos pudieran tener su minuto de gloria, alentaba y enseñaba a los que recién ingresaban a la compañía. Era el compañero ideal porque esto lo acompañaba de un gran conocimiento, experiencia y generosidad.
La capacidad de convertir lo ordinario en extraordinario, tal como afirma Mark Sanborn, en su libro El Factor Fred, es lo que evidentemente lo diferenciaba de todo el resto. Ahora, muchos años después de esta experiencia, extraño ese sentimiento y me queda claro que el verdadero desafío es que todos podamos llegar a ser en algún momento capaces de hacer que cada cosa que hagamos sea extraordinariamente inolvidable.
Sin duda la clave para una mejor convivencia está en la aceptación de las diferencias y en comprender que cada grupo tiene expectativas, ideas y actitudes distintas pero que pueden ser complementarias. Ojo, tampoco soy tan ingenua como para pensar que siempre estas diferencias se pueden zanjar. Por ejemplo, una vez sufrí (y en el sentido más literal del término) tener un jefe con quien era imposible dialogar porque además de una distancia generacional existía una diferencia de criterios, visiones y estilos que estaba íntimamente relacionado con las distintas experiencias vividas, edades y expectativas. En este punto es cuando creo que lo que se da es también un tema de liderazgo. Ambas cosas sumadas son una bomba de tiempo...
Hay varios artículos que enfocan especialmente el tema del liderazgo y algunas experiencias . Me parece que la clave está en buscar la vuelta, la herramienta o el ámbito a partir del cual se pueda sacar lo mejor de cada uno. Esto envuelto en una dosis de humildad y apertura mental puede ser el disparador inicial de una relación que derivará en fructífera o mortífera.

Hay algo que no siempre se tiene en cuenta ni se le da importancia en el momento de hablar sobre el desarrollo profesional y es el tema de valores.
Los valores que una persona tiene, su don de gente, su capacidad para ponerse en el lugar del otro, su compromiso y la pasión con que emprende cada desafío no son transferibles. Conforman algo muy difícil de aprender desde lo formal. No hay curso, universidad ni maestría que valga.
Pocas veces se da que una persona cumpla con los requisitos técnicos, de conocimientos y experiencia y que además sea un referente querido por sus pares, sus colegas y que viva de acuerdo a valores como el respeto y la honestidad. En este setido recomiendo la lectura del trabajo titulado Anclajes de la vida profesional y valores en el trabajo de Luis González Fernandez (Universidad de Salamanca) y Luis Arciniega Ruiz de Esparza (Instituto Tecnológico Autónomo de México) donde investigaron el tema entre alumnos del último año de la Lic en Administración y Gestión de Empresas de la Universidad de Salamanca. Otro trabajo que vale la pena detenerse a leer es el de Alvaro Feuerman, Los valores en las organizaciones.
Vivir con valores no es algo fácil. Y encontrar un lugar donde sintamos que compartimos los mismos valores es aún más difícil. Hay que proteger y estimular conductas que reflejen valores compartidos. Creo que es el momento de replantearnos si queremos solamente desarrollarnos profesionalmente o ser desarrollarnos como personas que son profesionales. Hay una diferencia y no es precisamente poca.